Las armas de la tribu Ni un dólar del presupuesto para estudiar o promover el control de la venta de armas de fuego. El Congreso de los Estados Unidos, que es quien aprobó tal medida hace dos décadas, no tan solo se esfuerza por mantener libre su venta sino que no quiere que se conozcan los efectos de su complaciente actitud hacia la poderosa Asociación Nacional del Rifle, el grupo de presión que dedica ingentes cantidades de dinero a comprar voluntades y mantener así abierto el mayor mercado de herramientas letales del mundo. La sociedad, por fortuna, tiene sus propios instrumentos para conocer al menos los efectos de las decisiones de los políticos. En este caso, las estadísticas de las asociaciones científicas son espeluznantes. Cada año, más de 7.000 niños menores de 17 años mueren o son heridos gravemente por disparos en EE UU, una plaga que afecta a los colegios y obliga a protegerlos con guardias armados y a realizar ejercicios de protección a escolares y maestros. Del to...